Ser
una facilitadora social no es tarea fácil. Es luchar
contra nosotros mismos (as), contra los viejos paradigmas políticos,
marcados por la violencia, la verticalidad, el abuso de poder,
etc. Lo más importante es aprender a desaprender de tales
prácticas autoritarias.
Es asumir una actitud y convencimiento personal, de que el
diálogo y la búsqueda de consenso es la misión
de todo facilitador (a). Es lograr que los procesos sociales
sean espacios eficaces y eficientes: porque ayudan a solucionar
los problemas desde nuestra cotidianeidad; solamente así
se asigna un valor público a la democracia participativa.
Surcamos a contra corriente, pero seguimos viajando
como facilitadoras (es) del cambio.-
Desde los espacios diversos de participación ciudadana
que existen en nuestras localidades - Presupuesto Participativo,
Consejos de Concertación Local, Vigilancia Ciudadana-
las y los facilitadores tenemos la oportunidad de demostrar
la valía de lideres (as) que caminan junto a otros, con
ánimo de servicio.
No para alcanzar el poder por el poder, sino para buscar influir
en los otros: en el desarrollo de sus capacidades para dialogar,
para confiar, para crear una nueva cultura política que
sea superior a la predominante en nuestra sociedad.
En el último encuentro de facilitadores (as), realizado
en la ciudad de Lima, se pudo evidenciar que el camino
hacía una democracia de calidad, sigue aún pedregoso.
En realidad, caminamos contra la corriente, porque según
los rasgos de nuestra cultura política – las autoridades,
los partidos políticos y hasta algunos dirigentes sociales
– ponen en ejercicio su liderazgo, mediante un juego de
intereses particulares más que una lucha por el bien
común o compartido. Sin embargo, la ruta de la facilitación
de procesos sociales es la correcta para mejorar la calidad
de nuestro sistema democrático.
Así esta democracia participativa – un fundamento
de la misión de la RED PERÚ- nos llevará,
de la solución de los problemas más simples, por
ejemplo, cómo lograr información sobre el presupuesto
público, hasta la solución de los problemas más
complejos: hacer incidencia política para ampliar y consagrar
los derechos de la población al desarrollo sostenible.